Creo no tener reparos en pensar que hoy nos proponemos consumir museo de manera imparable. No hay ninguna duda de que el museo dispone un espacio de encuentro para las familias, los turistas esporádicos y los residentes permanentes, idóneo para condensar en una única experiencia lo que antaño resultaba costoso y difícil de reunir. Consumir museo nos permite visitar producciones culturales del lugar, conocer parte de su historia e identidad singular, comer en su restaurante de carta local y hacer algunas de las compras obligadas del día, fabricando en todo ello una ruta capaz de simultanear la llamada falsa curiosidad de Heidegger, con el aburrimiento variado de Maksim Gorki. Consumir museo es hoy la forma más extendida del capitalismo sedante. Pero ¿qué museo consumimos? El museo es un radical, como diríamos en gramática, que no puede existir sin sus declinaciones: museo de arqueología, museo de la ciencia, museo de historia natural, y sin embargo, en el espacio entregado por los

Origen: Proyecto Museu
Un proyecto de Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma.